Sería un alivio para mí no contar con la incómoda sensación
que se acrecienta por la noche
Cuando los astros y la oscuridad inevitables te traen a mi
lecho, en cada gota de tinieblas que rodean el descanso imposible.
Sería conveniente para mí no idealizar los sentimientos y
las búsquedas, para lograr una vivencia plena, tanto a de lo excelso como de lo
efímero.
Nada serviría más a esta hora que una milagrosa cura a la
ansiedad que martiriza el augurio de una ausencia soberana.
Todo esto me lleva a sentir mi piel desprotegida, carente de
sudor, vacía de perfumes confusos, seca de placenteros roces violentos.
Cuán reconfortante sería bordear los sentimientos en una
furiosa carrera, evitando caer en trampas de sospecha y perdón, llegando a la
meta, impoluto.
Abolir las consecuencias emocionales de traiciones y dramas
que marcan las futuras elecciones.
Impedir la entrada a cualquier entidad sospechosa de
provocar latidos desbordantes en el alma y alterar las fibras sensibles de
cualquier presa vulnerable.
Presa al fin, esperando la muerte.
Elevando los ojos en busca del firmamento cinematográfico
que salve en el último segundo restante de vida a quien no tiene escapatoria.
La presa muere, abandonada a su suerte por propia voluntad,
por elección una vez más.
Y qué es el amor si no otra forma de morir continuamente,
dentro de un existir incompatible con la frialdad demandada?
Mueren los inmortales, mueren los que no sienten. Viven los que sienten, desarmándose en cada decepción.
Somos presa del monstruo que siempre nos sorprende, por más
cuidadosos y meticulosos que obremos.
Y vuelvo a mirar el espejo, furioso de soledad, sucio de
fotos que no se repetirán, atestado y harto de reflejar la misma absurda
certeza de pensar en lo mismo, todas y cada una de mis noches, en las que
imagino un rostro que nunca jamás me vuelve a besar.
10/10
ResponderEliminarMuchas gracias.
EliminarMe agrada tu estilo, Débora. Muy cuidado.
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