La voluntad acompaña en el tránsito, también lo hacen la
paciencia y la confianza.
Todo y más es consecuencia de haber aprendido, en el
recorrido del crecer.
El inconformismo es una veta, por días y siglos injustos, que
se agranda conforme al pasar de oportunidades y energía.
No se escapa, no se echa a la calle. Lastima, corroe,
penetra la mente en donde continuamente anidan las ideas de otra cosa.
Otras cosas, otras vetas, algo real, algo sincero y puro. La
incansable búsqueda de lo verdadero.
Para qué tanta reflexión? Para qué y por cuánto el
pensamiento? Si todo va en contra de hegemonías y poderes nefastos.
Reinados indeseados, protagonismo fútil, amores circunstanciales.
La esencia del ser se desdibuja cuando pensamos demasiado,
confiando en que llegaremos a próceres, dentro de un suelo de héroes olvidados.
Inútil es soñar con un vuelo desde un gran precipicio,
cuando somos desde hace sólo jóvenes décadas aguiluchos inexpertos.
Ruego por un despertar, por un sonido que me haga distinguir
esa conciencia colectiva, en la que al unísono nos unimos, porque queremos ser,
queremos esos valores de cada tanto, queremos un ahora y un futuro acorde al
sacrificio.
Si no, de qué sirve este inconformismo, de pintar paredes y
gritarle a las pantallas y a las sombras?