miércoles, 13 de agosto de 2014

Desaliento

Todo el tiempo perdido
La dulzura que en la boca hoy ya no sabe
Toda la sensibilidad frente a esa búsqueda
Todo contacto con ese ser ya no es

Los amigos que no son
Mis posesiones
Mis suposiciones
Mis errores, eso es mío

Sin crisis ni llanto
Sólo aceptar, dejar ir
Creo que viene lejano
Un sonido que ya oí

Es otra excusa tuya
Otra vez con el sinfín
De peros y más peros
En todo eso me perdí

Caigo al ser mujer
Incurro en desdecirme
Aún así acepto
La contradicción de ser
Decir, coexistir pese a todo

La verdad es dura y la mentira más
Sólo eso
Sólo me diluyo
Ya desaparecí

jueves, 29 de mayo de 2014

Añoranza

Añoraba el cambio, ese cambio que es camino
Nadie cree que un camino se construye  hasta que lo camina
Nadie busca el perdón, nadie se arrepiente, hasta que llega al oscuro e impredecible lecho de muerte
Nadie ve las consecuencias de sus silenciosas injusticias, que hacen ruido a los años y en otras vidas
Nadie cree que amar no es pertenecer, ni ser dueño, sólo se ama y eso es todo.
Muchos creen en el egoísmo bien remunerado, pero eso es sólo impunidad que se paga caro, llegado el momento de afrontar la deuda.


lunes, 5 de mayo de 2014

Sin título

Moriré siendo una ilusa, una idealista
Moriré sabiendo que transité la senda del trabajo y la esperanza
Moriré sabiendo que fui en busca de lo imposible, porque lo posible ya se había agotado
Sé que en mí se gesta el futuro
No dentro de mi vientre, sino en mis venas, en mi mente corroida
No me escondo, sólo callo para no escuchar palabras de más
Vivo encontrando la salida, porque ella me encuentra siempre antes
Muero por ser yo algún día
Muero por vivir para siempre en una vida que inspire a otras
Camino entre la dicotomía del presente y el futuro
Y no pido demasiado
El tiempo me acompaña, aunque no esté de mi lado
El tiempo borra esos espacios vacíos del pasado
que poco tienen que ver con el presente
pero que enterrados, hoy proveen de mejores frutos
Moriré por cambiar el mundo, pero en mi lugar
Moriré sin lugar a dudas, físicamente, pero en la memoria
quedarán los mejores espejos de mi.

jueves, 13 de febrero de 2014

Inconformismo abúlico en la república

La voluntad acompaña en el tránsito, también lo hacen la paciencia y la confianza.
Todo y más es consecuencia de haber aprendido, en el recorrido del crecer.
El inconformismo es una veta, por días y siglos injustos, que se agranda conforme al pasar de oportunidades y energía.
No se escapa, no se echa a la calle. Lastima, corroe, penetra la mente en donde continuamente anidan las ideas de otra cosa.
Otras cosas, otras vetas, algo real, algo sincero y puro. La incansable búsqueda de lo verdadero.
Para qué tanta reflexión? Para qué y por cuánto el pensamiento? Si todo va en contra de hegemonías y poderes nefastos.
Reinados indeseados, protagonismo fútil, amores circunstanciales.
La esencia del ser se desdibuja cuando pensamos demasiado, confiando en que llegaremos a próceres, dentro de un suelo de héroes olvidados.
Inútil es soñar con un vuelo desde un gran precipicio, cuando somos desde hace sólo jóvenes décadas aguiluchos inexpertos.
Ruego por un despertar, por un sonido que me haga distinguir esa conciencia colectiva, en la que al unísono nos unimos, porque queremos ser, queremos esos valores de cada tanto, queremos un ahora y un futuro acorde al sacrificio.

Si no, de qué sirve este inconformismo, de pintar paredes y gritarle a las pantallas y a las sombras?

Insomnio

Sería un alivio para mí no contar con la incómoda sensación que se acrecienta por la noche
Cuando los astros y la oscuridad inevitables te traen a mi lecho, en cada gota de tinieblas que rodean el descanso imposible.
Sería conveniente para mí no idealizar los sentimientos y las búsquedas, para lograr una vivencia plena, tanto a de lo excelso como de lo efímero.
Nada serviría más a esta hora que una milagrosa cura a la ansiedad que martiriza el augurio de una ausencia soberana.
Todo esto me lleva a sentir mi piel desprotegida, carente de sudor, vacía de perfumes confusos, seca de placenteros roces violentos.
Cuán reconfortante sería bordear los sentimientos en una furiosa carrera, evitando caer en trampas de sospecha y perdón, llegando a la meta, impoluto.
Abolir las consecuencias emocionales de traiciones y dramas que marcan las futuras elecciones.
Impedir la entrada a cualquier entidad sospechosa de provocar latidos desbordantes en el alma y alterar las fibras sensibles de cualquier presa vulnerable.
Presa al fin, esperando la muerte.
Elevando los ojos en busca del firmamento cinematográfico que salve en el último segundo restante de vida a quien no tiene escapatoria.
La presa muere, abandonada a su suerte por propia voluntad, por elección una vez más.
Y qué es el amor si no otra forma de morir continuamente, dentro de un existir incompatible con la frialdad demandada?
Mueren los inmortales, mueren los que no sienten.  Viven los que sienten, desarmándose en cada decepción.
Somos presa del monstruo que siempre nos sorprende, por más cuidadosos y meticulosos que obremos.

Y vuelvo a mirar el espejo, furioso de soledad, sucio de fotos que no se repetirán, atestado y harto de reflejar la misma absurda certeza de pensar en lo mismo, todas y cada una de mis noches, en las que imagino un rostro que nunca jamás me vuelve a besar.

lunes, 10 de febrero de 2014

Viento a favor

Dejo de lado mis fueros, mi indiferencia.
Desmantelo las tinieblas.
Acepto lo pequeño y lo grande con la misma intensidad.
Vivo simplemente, sintiendo que con vehemencia el existir no es un duelo.
Nadie replica, nadie llora, sólo un atisbo lejano del miedo que se marchó. Lo miro con simpatía, ya que de él también aprendí.
Busco el resplandor, mas el aire tibio me regala un atardecer, que nada inspira más que la esperanza de una noche amena y un pronto y nuevo amanecer.
No hay llagas, no hay raptos de locura, no hay cuerdas, nadie se ahoga.
No hay fueros, no hay engaños, sólo la certeza de conocer nuevos caminos por donde volar.
Algo tan complejo en su método, cambia radicalmente en su sinopsis, dejando en evidencia una trama sencilla y de final bien logrado.
Los ecos viejos resuenan, cada vez menos. Se van despidiendo, sin poder en sus manos.
Ahora reluce la tranquilidad, sin precio, arduamente buscada y conseguida.
Quedan cenizas por quemar aun, vientos por sentir, duelos que sobrellevar.

Nadie más vio esta época teñirse tanto a favor como observan hoy mis ojos.

miércoles, 22 de enero de 2014

Códigos

Puedo apelar al hábito de escribir
construyendo identidades en el otro
O puedo optar por codificar imágenes 
en algoritmos indescifrables
Conocedora de mis opciones, me aventuro a elegir

La sangre que antes brotaba fácilmente,
hoy es un torrente transparente

Ya nada sus venas corroe
No se penetra su vulnerabilidad

Es el alma clausurada, cerrada a otros vuelos
Vuelos que no tomo por eludir los mareos
y el arribo a destino
Velas no encendidas por temor a ser quemada
Lazos que no prevalecen por razones
que siempre se encriptan

El anhelo es huir, abandonar esa parte franqueable
que teme, perfecta, el ataque sangriento
que alguna vez buscó.


lunes, 13 de enero de 2014

Altruismo tácito



Trabajábamos juntas, aunque en diferentes sectores. Ella era una chica de ojos vivaces y caricaturescos: muy grandes para su pequeño y delicado rostro.
Tenía la inteligencia y picardía de las mujeres que han pasado por ese trauma de niñas. Yo lo sabía, de algún modo lo intuí. Yo nunca hice alusión a ello, ni siquiera de modo encubierto. Sabía que era algo para olvidar. No debíamos hablar de eso.
Al principio, la hora del almuerzo era mi momento favorito: ella entendía cada una de mis bromas y hasta hacíamos comentarios encriptados de quienes entraban y salían. Una complicidad inocente, despojada de mayores intereses que almorzar juntas y compartir comentarios agudos. Pero como dije, esto era al principio.
Yo lo sabía y ella ignoraba que yo lo sabía.
A simple vista, ella era una chica joven y sana. A la hora de comer, había un sinfín de condimentos e ingredientes que le hacían mal y no podría probar más de por vida. Era común verla a la hora en que todos caíamos a la cocina con la vianda muertos de hambre, con sólo una taza de té y unas pocas galletitas.
Ella vivía con ese monstruo. Ella nunca se refería a él, ni lo mencionaba, pero yo lo adivinaba.
A menudo soñaba con ella. Le preguntaba por qué no elegía otra cosa para su vida, por qué no cambiaba ese horror diario por una vida sin sometimiento, sin humillación. Nunca me respondía en ese sueño. Cuando me despertaba, me sentía angustiada y sólo los que sueñan así saben cómo se siente.
Nunca supe cómo ayudarla. Era como ver a esos testigos de una tragedia que a cualquier ser humano lo marca de por vida, andar como si nada, como si no hubiera sucedido absolutamente nada. Y no era así. La impotencia me inducía a tener esos sueños acosadores, y el inconsciente me devolvía esas sensaciones que en vano traté de lapidar en algún recoveco de la memoria.
No quería acosarla, no le sacaba el tema. Lo que a veces era duro. Le di mi perdón en secreto, dentro mío se lo di, porque me sentía hasta  traicionada de que hubiera callado, de que no nos hubiéramos consolado mutuamente.
Ella merecía otra cosa. Sé que su abuelo provocó ese mal, padre de los otros males. Sé que su abuelo provocó desde el que se arruinara todo el cuerpo, hasta el hecho de que ella nunca pudiera enamorarse de nadie. También allí residía el origen de su eterna soltería.
Hubiera deseado conseguirle un hombre de bien que la rescate de esas tinieblas, de ese terror asimilado, de esa película truculenta que todos saben que existe por allí, pero que ningún canal podría transmitirla jamás.
A menudo se quejaba de los problemas físicos y emocionales de su vida. Algunas veces le respondía con palabras, otras con miradas; cuando en todo momento, si ella se hubiera animado a sacar esa cruz que cargaba, yo la habría abrazado, la hubiera zamarreado y le hubiera ordenado a gritos desenmascarar a la bestia, abandonarla con su hambre, le habría ordenado respetarse.
Oírla era confirmar refranes y pasajes de la Biblia.
Ahora es ella la que intuye, sospecha y adivina, y eso nos hermana aunque ninguna de las dos le ponga palabra. ¿Por qué a ella? Yo de algún modo voy a encontrar la manera de mantenerme al tanto de su seguridad. No quiero que nuestro abuelo nos haga daño a las dos al mismo tiempo.