jueves, 13 de febrero de 2014

Inconformismo abúlico en la república

La voluntad acompaña en el tránsito, también lo hacen la paciencia y la confianza.
Todo y más es consecuencia de haber aprendido, en el recorrido del crecer.
El inconformismo es una veta, por días y siglos injustos, que se agranda conforme al pasar de oportunidades y energía.
No se escapa, no se echa a la calle. Lastima, corroe, penetra la mente en donde continuamente anidan las ideas de otra cosa.
Otras cosas, otras vetas, algo real, algo sincero y puro. La incansable búsqueda de lo verdadero.
Para qué tanta reflexión? Para qué y por cuánto el pensamiento? Si todo va en contra de hegemonías y poderes nefastos.
Reinados indeseados, protagonismo fútil, amores circunstanciales.
La esencia del ser se desdibuja cuando pensamos demasiado, confiando en que llegaremos a próceres, dentro de un suelo de héroes olvidados.
Inútil es soñar con un vuelo desde un gran precipicio, cuando somos desde hace sólo jóvenes décadas aguiluchos inexpertos.
Ruego por un despertar, por un sonido que me haga distinguir esa conciencia colectiva, en la que al unísono nos unimos, porque queremos ser, queremos esos valores de cada tanto, queremos un ahora y un futuro acorde al sacrificio.

Si no, de qué sirve este inconformismo, de pintar paredes y gritarle a las pantallas y a las sombras?

Insomnio

Sería un alivio para mí no contar con la incómoda sensación que se acrecienta por la noche
Cuando los astros y la oscuridad inevitables te traen a mi lecho, en cada gota de tinieblas que rodean el descanso imposible.
Sería conveniente para mí no idealizar los sentimientos y las búsquedas, para lograr una vivencia plena, tanto a de lo excelso como de lo efímero.
Nada serviría más a esta hora que una milagrosa cura a la ansiedad que martiriza el augurio de una ausencia soberana.
Todo esto me lleva a sentir mi piel desprotegida, carente de sudor, vacía de perfumes confusos, seca de placenteros roces violentos.
Cuán reconfortante sería bordear los sentimientos en una furiosa carrera, evitando caer en trampas de sospecha y perdón, llegando a la meta, impoluto.
Abolir las consecuencias emocionales de traiciones y dramas que marcan las futuras elecciones.
Impedir la entrada a cualquier entidad sospechosa de provocar latidos desbordantes en el alma y alterar las fibras sensibles de cualquier presa vulnerable.
Presa al fin, esperando la muerte.
Elevando los ojos en busca del firmamento cinematográfico que salve en el último segundo restante de vida a quien no tiene escapatoria.
La presa muere, abandonada a su suerte por propia voluntad, por elección una vez más.
Y qué es el amor si no otra forma de morir continuamente, dentro de un existir incompatible con la frialdad demandada?
Mueren los inmortales, mueren los que no sienten.  Viven los que sienten, desarmándose en cada decepción.
Somos presa del monstruo que siempre nos sorprende, por más cuidadosos y meticulosos que obremos.

Y vuelvo a mirar el espejo, furioso de soledad, sucio de fotos que no se repetirán, atestado y harto de reflejar la misma absurda certeza de pensar en lo mismo, todas y cada una de mis noches, en las que imagino un rostro que nunca jamás me vuelve a besar.