Luego de esas
palabras, de la rispidez de gestos, golpear los ecos contra mi cara, es que mi
sentir se altera.
Ya no me quedan
respuestas, simplemente no soy yo en el después.
El aire entre
nosotros podría cortarse con una navaja.
Mi experiencia, junto
al corazón, supo antes de esto. Con otro protagonista, con otra mente más
elucubradora de seguro, pero supo de pasar límites.
Estas fibras
sensibles me convierten al malestar, los nervios, la incomodidad…
De cierto te digo
que ya no deseo volver a escucharte.
Prefiero irme donde
miran mis ojos: una gran cadena de montañas, un caballo a lo lejos, una
vertiente escondida. Arriba.
Cualquier cosa que
me abstraiga de toda esta falta de delicadeza tuya, escapar de tu bestialidad
humana.
Quisiera prestarte
mi dolor para que lo saborees. Que sepas qué se siente ser herido así.
A veces el
silencio, el ignorar lo que se ha soltado, no es la cura. Nada se soluciona con
mirar para otro lado cuando has producido daño a través de la fuente de las
creaciones más divinas.
Si decís no
entenderme, te aseguro que no lo harás.
Me acusás de
ridícula, lo seré.
Si codificas lo
dicho de modo monstruoso y violento…lejos me iré de vos.
Ojalá entiendas lo
que ahora me duele darme cuenta de lo tosco, primario, incivilizado de tu esencia.
Sos culpable y
condenado, si no te enmendás.
Desearía que los
minutos que le restan a este día te lleven a desligarte de esa triste necesidad
de no ceder nunca jamás.
Ojalá.