La lluvia llega romántica y exuberante, como sólo ella sabe hacerlo.
Invade los objetos, el aire, la gravedad.
A nadie perdona.
El uniforme y los cabellos más erguidos, se rinden ante ella.
En el campo la anhelan, en la ciudad le dictan horarios.
Inspira los ojos y deseos de los enamorados.
Fomenta el corazón blando en los resentidos.
Presta bendición y tormento a los pobres.
Las gotas se secan y al igual que la realidad, todo deja de ser un sueño.
Hermoso poema, lástima no poder experimentar aquí y hoy estas refrescantes sensaciones...
ResponderEliminarTengamos fe en que se vaya para sus pagos, Gabriel. Gracias por el comentario.
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